Poner el bacalao en una olla, cubrirlo con agua fría y ponerlo a fuego vivo hasta que hierva. Escurrirlo (reservando 1/2 litro) y secarlo con un paño.
Rebozar cada trozo con
harina, freírlos y escurrirlos bien. Reservar.
Rehogar la
cebolla bien picada con 4 cucharadas de aceite hasta que se ponga transparente. Mientras, machacar el diente de
ajo en un mortero con 3 cucharadas del agua de cocer el bacalao. Echar a una sartén el resto del agua de cocción reservada, el contenido del mortero, el
vino blanco y una cucharada colmada de harina espolvoreándola por encima. Cocer 8 minutos dando vueltas.
Colocar el bacalao en una fuente de barro resistente al fuego (si no tienes, usa un cazo), echarle encima la salsa y poner a cocer durante 10 minutos más. Echar por encima el
perejil picado y servir en la misma fuente. Para desalar el bacalao, sumergir los trozos en agua fría durante 12 horas, cambiando el agua cada 3 ó 4 horas.