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No
es ningún secreto que una de las joyas más exportables
de Italia es su gastronomía. En España existen muchos
restaurantes, pero no todos respetan y miman la esencia de los platos
como se merecen. Ars Vivendi es un oasis en el desierto de la cocina
italiana en nuestro país. Más de ocho años lleva
Rosi García Manso regalando a los paladares españoles
la mejor cocina creativa italiana. Y no lo decimos nosotros. Críticos,
periodistas especializados, gourmets y público de toda condición
coinciden en que Ars Vivendi es el Italiano, escrito así, con
mayúsculas.
Rosi
García Manso y su marido, Dino Nanni,
abrieron generosamente a Platodeldia.com las puertas
de este recoleto local que regentan en el madrileño municipio
de Majadahonda. En él todos los detalles se cuidan al máximo:
desde la delicadeza de los platos hasta la consistencia de la carta
de vinos, de la minuciosa decoración del salón y la barra
a la calidez y familiaridad del servicio.
No es de extrañar que siempre tengan el restaurante lleno. Como
reconoce Rosi, "éste es nuestro hogar, por eso tratamos
a nuestros clientes como si los recibiéramos en nuestra propia
casa". Tuvimos el placer de conversar con ella, una de las cocineras
más reconocidas de nuestro país, sobre muchos temas, entre
ellos, su interesante trayectoria, el secreto de su trabajo y sus opiniones
sobre la revolución gastronómica en España.
¿Cómo llegaste al mundo de la
gastronomía y cómo decidiste dedicarte a ello?
Yo
nací en León y me fui a Alemania a los
diez años con mis padres. Allí conocí a mi marido.
Cuando tenía 20 años, decidimos abrir un restaurante.
Yo trabajaba en un bistró francés, pero sirviendo cafés,
no en la cocina. Cuando cogimos el restaurante, que era italiano, porque
mi marido es italiano, me dijo: ¿quién se mete en
la cocina? Sin tener idea y con veinte años, me
metí yo. Me ayudó hacer un año de Bromatología,
que es la ciencia de los alimentos. También que desde niña
siempre me gustó la cocina, era la típica niña
que jugaba a las comiditas... además, en mi casa, mis abuelos
maternos fueron confiteros y mi abuela paterna era
también cocinera. En mi casa hemos comido siempre muy
bien, y yo he sido la única que ha sacado el lado de la gastronomía.
Además, en Alemania, arriba del restaurante, había una
señora napolitana, la señora Concheta, a la que consultaba
las recetas. Y, por supuesto, también he leído mucho,
mucho, mucho y he salido muy bien a comer. Así, con todas esas
ayudas, es como se aprende.
Lo primero que empecé a hacer fue la cocina italiana
muy clásica y básica. Y me enganchó. Estuvimos
cuatro años en Alemania y después nos marchamos a la costa
de Italia, a Vasto. Y fíjate, una española
yendo a Italia, cocinando italiano para italianos... desde luego, cuando
lo pienso ahora, digo, qué valor, pero antaño
para mí era lo más normal, porque es lo que sé
hacer, no sé hacer otra cocina... Y allí estuvimos tres
años con muy mala suerte por una peste de algas que afectó
a toda la costa del Adriático. Se prohibió bañarse
y pescar, y a nosotros, que teníamos un restaurante pequeñito
con especialidades de pescado para los turistas, nos hundió porque
vivíamos de eso.
A
los seis meses dije que me iba, se nos fue todo lo que habíamos
ganado... yo me marché a Alemania con mi familia, y estuve un
año allí. Mi marido se puso a trabajar en logística
y marchó a España donde comenzó a tener éxito
trabajando en negocios inmobiliarios. Y al final me vine aquí.
Tuve un shock cultural tremendo, porque, aunque yo
soy española, me he criado en Alemania y son dos culturas y dos
mentalidades muy diferentes. Me puse a trabajar en una empresa de traducciones
y después estudié empresariales... hasta que un día
mi marido dijo: pues es que aquí se come muy mal italiano.
Y así fue como decidimos abrir el restaurante.
Yo en un principio no quería porque esto es muy duro, pero bueno...
cogimos el local en Majadahonda, que en su momento era un lugar infame
rodeado de carreteras, no se podía aparcar...
¿En qué año lo abristeis?
En
octubre de 1996. Vamos a hacer nueve años.
Y al abrirlo empezamos a trabajar, y muy bien, sobre todo porque no
nos preocupamos de lo que nos decían, algunos se echaban las
manos a la cabeza: dónde os vais a meter. Lo cuidamos
como un bebé, lo decoramos nosotros, hicimos
lo que quisimos, yo hice mi carta tal y como yo la
veía, aprendiendo mucho, lógicamente... Y al año
vinieron los dos críticos de El Mundo a comer,
pero nosotros sin saber que eran dos periodistas en la misma noche.
A la semana nos llamaron para decirnos que iba a venir un fotógrafo
para hacer un reportaje... y cuando leímos el titular, fue alucinante:
"La bomba italiana". Y desde entonces sí
que fue la bomba de verdad, nos ayudaron muchísimo. Empezaron
a venir todos los críticos, ya los conozco a todos... viene mucha
gente de fuera a comer porque estamos en todas las guías. Este
año nos puso Rafael García Santos en su guía como
primer extranjero... ¡estamos muy contentos!
¿Qué tipo de clientes vienen al
restaurante?
De todo tipo, incluido políticos, famosos,
gourmets de estos peregrinos, gente del gremio... muchísima
gente. Vienen mucho los jugadores del Real Madrid, entre ellos Roberto
Carlos o Míchel Salgado, además son amigos. Lo
bueno de esto es que como vivimos aquí, ésta es nuestra
casa, tratas a la gente como si estuvieras en tu casa. Se hacen
muchas amistades, contactos... viene mucho y es muy amiga mía
Belinda Washington, que es una gran gourmet también, Miriam Díaz-Aroca...
muchos cocineros, mi amigo Alberto Chicote, vino Senén...
de políticos han venido Aznar, Zapatero, Rato, otros ministros...
Que vengan cocineros a tu restaurante será
una gran satisfacción personal...
Sí y, además, son los más críticos.
Son de los que más te puedes fiar, porque no te van a engañar.
Pepe, de El Bohío, también viene mucho, Julio Reoyo...
son la gente con la que más aprendo. Yo me siento a comer con
ellos y que me cuenten.
¿Cuáles son las especialidades?
Yo hago cocina creativa. El otro día José
Carlos Capel publicó nuestra crítica y decía
que si yo estuviera en Italia sería una de las grandes de la
nueva cocina italiana. Es decir, yo en España lo que hago es
nueva cocina italiana. Y es meramente circunstancial porque a mí
me sale así, no lo busco... y tengo la suerte de vivir un momento
muy especial en el que la gastronomía está viviendo un
momento de auge. Los cocineros españoles son
los número uno. Ferran Adrià nos ha abierto
la puerta al mundo y hemos estado a la altura. Ahora mismo, vaya donde
vaya un español, está muy bien considerado. Ahí
está Mario Sandoval, que ha peleado por el Bocuse
d'or... Carme Ruscalleda, por ejemplo, tiene un
restaurante en Japón con muchísimo éxito y me contaba
que ha sido todo increíble.
¿Crees que toda esta revolución
culinaria llega al ciudadano de calle?
Mira, yo ahora mismo divido la gastronomía y la trayectoria española
en tres: cocina para profesionales, por ejemplo, el
laboratorio de Ferran Adrià, porque ahí no vas a comer,
vas a sorprenderte en todos los sentidos, olfativos, de vista... te
puede gustar más o menos, pero lo que sí tienes que reconocer
es que es vanguardia total, que es una referencia y que descubre técnicas
a tener en cuenta. Luego están los de los gourmets,
los que van a peregrinar a donde sea porque les han hablado de un restaurante
o de un cocinero y entonces van. Y luego están el resto, la
gente corriente, como yo misma, que te puedes sorprender perfectamente
tanto en Sepúlveda comiendo un cordero maravilloso, como yendo
al Can Roca o disfrutando de cocina más creativa.
Todos tienen una cosa en común, que tienen entusiasmo
por lo que hacen y están muy abiertos a todo lo bueno. Incorporan
las innovaciones en menor o mayor grado en el trabajo cotidiano. Como
yo, que lo incluyo, pero en mi línea. Por ejemplo, un día
en El Bulli hablando de tiramisú, Ferran Adrià
me recomendó que lo hiciera con sifón. Y lo incorporé
a la carta: "Tiramisú según Ferran",
lo titulé, y el resultado fue que venía la gente que nos
conocía, que había leído sobre nosotros y decían:
esto es muy Ferran Adrià. Es decir, que me quieran catalogar
en determinado sentido a mí no me gustaba y lo quité.
Me encanta Adrià, por supuesto, soy admiradora, pero mi
trabajo es mi trabajo, y prefiero que me conozcan por él.
Te consideras una cocinera creativa, ¿en
qué estás trabajando ahora?
Ahora
mismo estoy trabajando en un pan de zanahoria y en
una mermelada de zanahoria muy suave para poner un
foie. Había pensado en hígados de pichón, pero
entiendo que mucha gente no lo come, porque es muy especial. No compro
nada acabado, no abro frascos, no tengo latas, lo hago todo aquí.
Estoy trabajando mucho con el wok. A veces hago ahumados
aquí, en una olla… ahora se trabaja mucho en ahumados en
las cocinas. Estoy aromatizando mucho, haciendo aceites
de cítricos para pescados, sales al mismo tiempo...
hice un carpaccio este verano de lomo alto que llevaba sal de cítricos
con su aceite, sal de tomillo con su aceite, sal de pétalos de
rosa con el aceite... sales con sus aceites, en fin, en eso estoy trabajando
mucho, sin perder de vista la cocina de verdad y las texturas.
En Ars Vivendi tiene mucha importancia la carta
de vinos.
Tenemos 600 referencias de vinos, de todo tipo. Desde
los grandes franceses, los grandes italianos,
algún australiano, y los españoles,
por supuesto. Hemos vendido cantidades ingentes de Pingus... Y los italianos
tienen aquí mucha salida. También está Dino,
mi marido, que los vende. La carta es un reflejo del gran trabajo que
hace Dino.
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También estáis ampliando el negocio...
Estamos haciendo una línea de trattorías y pizzerías
en grandes superficies (Kinépolis, en Pozuelo, Heron City, en
Las Rozas, en Tres Cantos). Es una línea más baja que
Ars Vivendi, se come por 15-18 euros, y está yendo fenomenal.
Siempre hemos defendido que se puede comer bien y ofrecer un
producto atractivo a un precio más económico.
No están reñidos los bajos precios con tener que comer
mal. Nosotros proponemos comer algo antes del cine, rápido si
hace falta, pero decentemente. También estoy pensando en hacer
una cocina central para homogeneizar los procesos y
aligerar el trabajo.
¿Qué platos nos has preparado?
Esto es una caprese. Yo la llamo la nueva Caprese de Alberto,
porque fue Alberto del Nodo el que me dio la idea. Es una emulsión
de tomate natural con aceite de oliva, y algunos ingredientes como azúcar,
sal, pimienta, mostaza... una reducción de vinagre balsámico
con glucosa... un crujiente de parmesano y el tomate
deshidratado -al horno, cuatro horas, a 60º C-. Cambia
muchísimo el sabor del tomate así, le quita mucha acidez
y se come muy bien. Yo creo que a la gente le recuerda un poco al gazpacho.
Lo verde es un aceite de albahaca.
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Esto es una Carbonara, pero de verdad, sin nata. Además,
tiene una historia: viene del norte de Italia, de una
zona minera y sus gentes tenían poco dinero, te estoy hablando
de hace setenta años o así. Lo que tenían es lo
que lleva: una carrillera de embutido, huevos y queso. Cuando ellos
llegaban a casa y se sentaban -lo simulo aquí con la pimienta
negra-, es el hollín que se les caía al venir
del trabajo. La carbonara es una zona de Italia, pero también
tiene referencia al carbón. Desleímos un poquito de mantequilla
y ponemos tocino y el embutido tirolés,
que es un tipo de jamón ligeramente ahumado,
pero con más grasa. Lo pongo a fuego bajito, lo dejo que se deshaga,
salteo la pasta en ello con parmesano, luego lo pongo
en un aro y en medio pongo una yema para que el comensal
lo revuelva y se lo coma. Y no lleva nata, la nata entró más
tarde en Italia con los americanos en la Segunda Guerra Mundial.
El Cuestionario
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| Un cocinero:
Santi Santamaria |
| Un plato: Arroz
(risottos) y tomate, de cualquier forma (aromatizado, seco,
en polvo). Me encanta el tomate, que es mi elemento. |
| Un vino:
Terreus me gusta mucho y el Santa Rosa de Enrique Mendoza,
de Alicante. |
| Un restaurante:
Dos, el Zuberoa y el Nodo. |
| Una ciudad
para disfrutar de la gastronomía: Nueva York.
De esta ciudad destaco que, para no tener cultura gastronómica,
lo bien que lo están haciendo. |
| ¿Dulce o salado?
Dulce. Los helados me encantan y con ellos se pueden hacer
cosas alucinantes. |
| Una carne...:
Un lomo bajo. |
| Y un pescado:
Rodaballo. |
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Ars Vivendi está en la calle
Cristo, 23. Majadahonda, Madrid.
El precio medio ronda los 55 €.
El menú degustación oscila
entre los 57 y los 67 €.
Información y reservas: 91 634
02 87
Por Mario Díaz López y David Macías
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