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Las
tisanas e infusiones se consumen desde tiempos inmemoriales por sus cualidades
beneficiosas para el organismo. Una de ellas es el poleo, una planta herbácea
perenne que encontramos en terrenos húmedos y fértiles.
Se utilizaba ya en épocas remotas en India, Grecia y Roma, donde
Plinio destacó sus múltiples virtudes, por sus propiedades
medicinales. También llamado poleo-menta,
ya que es una variedad de esta planta, se recolecta en verano, tras la
floración.
La parte que se consume son las ramas con pequeñas flores blancas, violetas o rosadas, que crecen en pequeños grupos. Procede de Asia y Europa y se ha extendido por todo el mundo como infusión o como ingrediente para aromatizar platos y salsas. Es uno de los ejemplares más pequeños de la familia de la menta y desprende un fuerte aroma que procede de sus aceites esenciales.
Propiedades saludables
Se caracteriza, como otros tipos de menta, por una alta concentración de pulegona en su aceite, que es el principal responsable de sus propiedades digestivas, antisépticas y carminativas. Asimismo, estimula el apetito y ayuda a eliminar toxinas del organismo.
Eleva la temperatura corporal y es apropiada cuando aparecen los primeros síntomas de un resfriado. También tiene suaves propiedades sedantes que afectan al sistema nervioso.
En la cocina, se utilizan muchas de las variedades de menta fresca, como complemento de ensaladas, de salsas para carnes, del chocolate y frutas o como toque distintivo de diferentes bebidas y cócteles. Sin embargo, su principal destino son las infusiones.
Los aceites esenciales, que se obtienen de las hojas y flores mediante el proceso de destilación, se utilizan también en forma de linimentos para heridas, ya que poseen propiedades cicatrizantes. La ingestión o inhalación de estos compuestos no es apropiada, ya que en ocasiones causan náuseas. Además, se aplican desde la antigüedad a los animales, como repelente de insectos, en especial, de las pulgas.
Cómo prepararlo
El poleo se toma principalmente en forma de infusión caliente, con flores secas o frescas. Para secar la planta, se recolectan las ramas y, en pequeños ramilletes, se cuelgan boca abajo durante unos días.
Para elaborar la bebida, hervimos el agua y agregamos una o dos cucharaditas de flores por cada cuarto de litro. Si utilizamos flores secas añadiremos una cantidad menor que si son frescas, ya que sus compuestos están más concentrados. Se deja reposar diez o quince minutos y se cuela para retirar las hierbas.
Aunque resulta deliciosa y eficaz para la digestión si se ingiere después de las comidas, como precaución, no consumiremos de forma habitual más de dos tazas al día, ya que los aceites pueden causar daños en el hígado.
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Redacción/Platodeldia.com
Imágenes: Sxc.hu
Fuentes de información: Fredmeyer.com; Podernatural.com; Botanical.com; Hort.purdue.edu |