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Conocidos
científicamente como Lactarius Delicious y en ciertas zonas
del norte de la Península como rovellones, los níscalos
pertenecen a uno de los géneros más apreciados y conocidos
de hongos,
y su presencia en diferentes platos de nuestra gastronomía se acrecienta
con el paso del tiempo.
Desde la antigüedad tenemos constancia del consumo de hongos, que,
además, se empleaban a la hora de hacer fuegos e incluso
con fines medicinales. Y todavía en la actualidad se está
investigando con ellos para afrontar diferentes enfermedades como, por
ejemplo, el cáncer.
¿Cómo son?
Se caracterizan por poseer un sombrero que va cambiando de forma;
los níscalos están enrollados y, progresivamente,
se van abriendo. Presentan un color anaranjado con círculos
de tonos rojizos, e incluso, en ocasiones, al romperse, se tornan verdes.
El pie es muy pequeño y con forma de cilindro. Además,
como contienen látex, cuando se rompen segregan un líquido
naranja que impregna.
Su carne es compacta y blanca en el interior y se va volviendo
naranja a medida que nos acercamos a su contorno. Desprenden un aroma
bastante agradable, aunque luego al paladar resultan un poco amargos.
Recoléctalos tu mismo
Se trata de hongos de pino, por eso los podemos encontrar cerca
de sus raíces. Proliferan en terrenos arenosos y que poseen un
buen drenaje. Nos llamará la atención su color naranja y
la forma adecuada de cogerlos es cortando la base con un cuchillo
a la altura del suelo.
A la hora de la recolección, muchas personas se plantean si se
trata de una especie venenosa, ya que el color verde que toman
en algunas ocasiones puede llevar a equívocos. Por ello, hemos
de tener claro que la presencia verdosa en los níscalos
es absolutamente normal.
En España las zonas donde más abundan son Navarra, Cataluña,
País Vasco y Andalucía, aunque también los encontramos,
por ejemplo, en Galicia o en Aragón. Los seteros suelen
confundirlos con los hongos de abeto, pero éste no se torna de
verde y además su calidad culinaria es inferior.
Unos sabrosos platos
Los níscalos destacan por su versatilidad en la cocina,
ya que podemos prepararlos a la parrilla, al ajillo, en guisos, con arroz,
para guarnición de pescados y carnes, con pasta,
o ser ingredientes principales de tortillas, revueltos, pizzas
o salsas.
Actualmente, es muy habitual encontrárnoslos como relleno
tanto de carnes
como de pescados y la última tendencia es convertirlos en
un sabroso y nutritivo helado.
Son
un alimento con una excelente fama y su calidad va disminuyendo a medida
que pasan los días. Por ello, es necesario encontrar un buen método
de conservación. Algunas sugerencias son:
Hacer una vinagreta y, de esta maera, mantenerlos.
Condimentarlos con perejil
y ajo e introducirlos en un bote. Los hervimos al baño
María y así pueden preservarse sin problemas hasta un
año entero.
El mejor método es congelarlos.
Para ello, los herviremos antes durante tres minutos aproximadamente.
La finalidad es que una vez que los saquemos del congelador no se tornen
negruzcos.
Redacción/Facilisimo.com
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Fuentes de información: Grn.es/amjc/, Valdorba.org,
Diputaciónavila.es
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