Su
versatilidad en la cocina, capacidad nutritiva y lo poco que engorda
son las tres cualidades por las que destaca sobre los demás este
delicioso queso. Uno de los más famosos tiene su origen en una
bella y ancestral cuidad castellana: Burgos. El queso de Burgos es uno
de los frescos más apreciados gracias a su exquisito contenido
en leche de oveja. Ideal para dietas y postres, el queso fresco es uno
de los reyes de la buena mesa.
Entre sus ventajas está la buena aceptación que tiene
entre los niños, aportándole cantidades esenciales de
calcio. Para los mayores también es fundamental, ya que ofrece
grandes propiedades nutritivas, y además con poca grasa y escasas
calorías.
Variedades de queso fresco
Muchas
veces confundimos el queso fresco con el queso de Burgos, pero no es,
ni mucho menos, el único. En Europa existen numerosas variedades
de queso fresco, entre ellos, el queso Feta: un queso griego de elaboración
tradicional compuesto por leche de oveja, cabra y vaca, que destaca
por su sabor contundente y salado frente a otros frescos. Se utiliza
fundamentalmente en ensaladas, pero también para elaborar platos
más complejos.
El Quark es un queso fresco de origen alemán, algo ácido,
que se puede tomar untado en un pedazo de pan. La Mozzarela es un queso
también muy popular. Procedente de Italia, es un ingrediente
esencial para elaborar las sabrosas pizzas, aunque también es
exquisito en ensaladas de tomate y orégano.
También
italiano es el queso de Ricotta, de sabor muy suave y que se elabora
con leche de vaca u oveja. Se utiliza mucho en los postres, al igual
que nuestro famoso Requesón, que se hace con leche de cabra o
vaca, y que tiene un sabor muy lácteo. Por su parte, el queso
Villalón es otra variedad de fresco procedente de Villalón
de Campos (Valladolid). Realizado con mezcla de leche de oveja y vaca
o sólo vaca, su sabor es ligeramente salado.
El queso Cotagge es parecido al queso de vaca fresco. Muy extendido
en América, está elaborado con leches desnatadas, lo que
le hace un alimento muy ligero. Por último, señalar uno
de los postres favoritos de los niños: el Petit Suisse. Procedente
de Francia, este queso es suave, dulce, cremoso y, normalmente, con
azúcar añadido.
Valor nutritivo del queso fresco
Una
de las mayores ventajas del queso fresco es su gran cantidad de nutrientes
y las escasas calorías que suministra. Apenas 100 calorías
por 100 gramos de queso, además de 6,8 gramos de proteínas,
7,1 de lípidos y moderadas cantidades de hidratos de carbono
(5,7 gramos).
Su cantidad de calcio también es considerable, 210 mg. de calcio
por 100 gr. de queso, pero, sin duda, las mayores cantidades de
mineral
las tiene en forma de sodio: nada menos que 1200 mg. de sodio por 100
gramos. Este mineral es fundamental para los mecanismos de transporte
y de excitabilidad muscular y nerviosa. Tomar el queso fresco sin sal
evitará los problemas que pueda traer tanto sodio a aquellas
personas que sean hipertensas.
Además de calcio y sodio, el queso fresco tiene importante cantidades
magnesio, fósforo, y vitaminas A, B y D, con sus consiguientes
beneficios para nuestro organismo.
Conservación y consumo
Este
queso siempre tiene que estar refrigerado, por lo tanto, se colocará
en la parte alta del frigorífico. Requiere una temperatura de
4º C. A pesar de ello, este producto se conserva en buen estado
durante poco tiempo, así que hay que consumirlo rápidamente.
Su alto contenido en agua le hace presa fácil de hongos y bacterias.
A la hora de degustarlo, el queso fresco se puede comer solo o acompañado.
Como postre, o entrante, siendo una excelente solución para picar
entre horas y no caer en productos excesivamente
energéticos,
como aperitivos salados o bollería. Se puede comer con dulce
de membrillo, miel, fruta, cereales o frutos secos, pero también
puede formar parte de platos más elaborados, sobre todo ensaladas.
También se recurre al queso fresco para elaborar postres exquisitos,
como tartas de queso o el tiramisú italiano.
Para acompañar un queso de cabra fresco lo mejor es tomarlo
con un vino blanco de Rueda o el Penedés. Los quesos de Villalón
o Burgos resultan exquisitos con caldos rosados o blancos. No hay nada
como un pedazo de este queso acompañado con algo de pan y un
aromático vaso de vino.
Elaboración del queso fresco
Existen
dos métodos mayoritarios de producción de este queso (elaborado
a partir de leches pasteurizadas de vaca, oveja o cabra, o mezcla de
varios).
El método tradicional exige una elaboración a partir
de la ‘coagulación ácida’, es decir, incorporando
a la leche bacterias lácticas y, a veces, también cuajo.
Este sistema provoca la acidificación de la leche y la coagulación
de sus proteínas. Los componentes grasos y proteínas se
vuelven así mucho más digeribles. El resto del proceso
requiere dejar al queso cuajar durante unas horas a temperaturas cálidas,
un escurrido posterior y un moldeado y prensado final.
Por su parte, el método industrial suele usar la ‘ultrafiltración’,
que garantiza quesos mucho mejor conservados. La leche pasteurizada
se filtra, retirándose las grasas, proteínas y parte del
suero. El queso luego va a parar al envase, donde se añade el
cuajo y los fermentos, y es en el mismo envase donde acaba de cuajar.
Recetas con queso fresco:
* Ensalada
de pasta
* Ensalada
de ricotta
* Tarta
de queso
* Tiramisú
* Queso
con miel
* Pastel
de queso fresco con salsa de naranja