Considerado
por muchos uno de los mejores quesos azules del mundo, el Cabrales constituye
uno de los alimentos más tradicionales de España. Su producción
está controlada por la Denominación de Origen Protegida
que obtuvo en 1981 y su zona de elaboración está constituida
por el Concejo de Cabrales y algunos pueblos del Concejo de Peñamellera
Alta, ambos en Asturias.
La leche que se utiliza procede de rebaños de vacas, ovejas
y cabras que pastan en las montañas asturianas. La leche cruda
de vaca se mezcla con dos o tres clases de leche, que pueden ser de
cabra, oveja y vaca. Los ganaderos elaboran su propio queso en casa,
se orea cuatro semanas en lugares ventilados, y, a continuación,
se deja entre dos y cuatro meses curándose en cuevas naturales
de los Picos de Europa.
Las
condiciones ambientales, de temperatura y humedad, de estas cuevas son
las que permiten que se desarrolle el moho que madura el queso. Las
galerías, que se podrían considerar 'bodegas naturales',
se producen por la erosión de la lluvia. Los ganaderos escogen
las cuevas en virtud de la altitud, la temperatura, el viento, la orientación
y la humedad.
La humedad relativa en estas condiciones es del 90% y la temperatura
se encuentra entre los 8 y los 12º C. Los mohos penicillium son
los que le dan ese tono azul verdoso al queso, dándole un toque
ligeramente picante. Cuando el queso ha madurado tiene que tener una
corteza blanda y gris, una pasta compacta y sin ojos y una forma cilíndrica.
Normalmente se envuelve en un papel de aluminio verde antes de pasar
al embalaje, con la etiqueta del fabricante y del Consejo Regulador.
El
respeto por el proceso de producción tradicional es una de las
máximas de los fabricantes de Cabrales. Durante siglos se ha
utilizado el mismo sistema artesanal, que ahora está normalizado
y regularizado por la Denominación de Origen. El Consejo Regulador
vigila desde la calidad del rebaño y la leche, hasta las condiciones
de las cuevas, e incluso la maduración de los quesos. Todo para
que el Cabrales no pierda ni un ápice de su típico sabor
ácido y su textura cremosa.
Por último, no podemos dejar de mencionar la tradicional fiesta
del queso que todos los años se celebra en Arenas de Cabrales.
El último domingo de agosto tiene lugar el certamen del queso
de Cabrales, en el que siempre se baten todos los récords de
venta de quesos.
Nutrición y conservación
Como
todos los quesos, una de sus mayores virtudes es el importante aporte
de vitaminas del grupo B y calcio que suministran. 100 gramos de Cabrales
conceden al organismo 700 mg. de calcio, y cantidades considerables
de proteína (21 gr. en cada 100 de queso) procedente de la leche.
Sin embargo, es un queso muy graso que, además, proporciona al
cuerpo abundante energía: 100 gramos contienen 400 calorías.
La mejor forma de conservar el Cabrales en casa, una recomendación
que se puede extender a todos los quesos, es el papel parafinado. Siempre
deberemos conservarlo en la nevera a menos de 14º C, aunque lo
sacaremos unos diez minutos antes de consumirlo. El queso es de los
poco alimentos que no pueden congelarse.
Si vamos a degustarlo al momento, podemos recurrir a pedazos de queso,
aunque siempre es mejor comprar los quesos enteros, ya que abierto puede
perder propiedades nutritivas y el frescor que le caracteriza. Una vez
abierto el queso, cubriremos el corte con papel transparente.
El Cabrales en la mesa
Son
muchos los devotos de este queso que combina los sabores agridulces,
el toque salado y el ligero regusto amargo que le da la acción
de los mohos. Aunque los hay que lo toman como postre con un vasito
de jerez, normalmente constituye el mejor entrante para las comidas,
regado con sidra o un buen vino, a ser posible tinto. Otros, sin embargo,
consideran que con el queso azul, como el Cabrales, lo mejor es un vino
espumoso.
Es un producto imprescindible en toda tabla de quesos que se precie,
pero no sólo se puede degustar con la hogaza del pan y el vino,
también puede formar parte de platos más elaborados y
combinarlo con alimentos muy variados entre sí. Por ejemplo,
el Cabrales es ideal para elaborar cremas para untar,
o
bien, salsas de queso, destinadas a alegrar pastas, carnes y ensaladas.
Recuerda que casi todas las recetas que incorporan roquefort a sus
ingredientes, pueden elaborarse también con Cabrales, a pesar
de ser éste algo más fuerte y picante. Esto se debe a
que los azules se pueden sustituirse entre sí dependiendo de
los gustos. Por cierto, un poco de queso de Cabrales derretido sobre
un buen bistec o un solomillo la da a la carne el toque justo para satisfacer
el paladar de los mejores gourmets.
Fuentes:
www.quesocabrales.org
www.nutricion.org
www.cheesefromspain.com