Hoy
en día, la preocupación por una dieta equilibrada y sin
grasas ha relegado a la mantequilla a un segundo plano, dando preferencia
a lo que antaño se consideraba un sustitutivo de segunda categoría:
la margarina. La diferencia entre ambas es que la margarina es grasa
de origen vegetal y la mantequilla tiene procedencia animal (normalmente
de vaca, pero también de cabra y oveja). En realidad no es más
que un batido de la nata de la leche. Por tanto, podemos considerarla
dentro del grupo de los derivados lácteos.
Su sabor, inconfundible y único, sigue siendo fundamental en
gran parte del mundo, sobre todo en el anglosajón, para cocinar
todo tipo de platos. En España, aunque generalmente se prefiere
el aceite de oliva como grasa para cocinar, la mantequilla sigue siendo
básica para elaborar recetas, productos de repostería
y postres tradicionales. Casi nadie es capaz de resistirse a un desayuno
con tostadas, aderezadas con una dulce mermelada y una sabrosa mantequilla.
Origen y producción
Pueblos
como los vikingos y los celtas fueron los primeros en rendirse ante
el sabor de la nata de leche batida. Elaborada y conservada en pieles
de animal, estos pueblos la utilizaban con fuente constante de energía.
Este ingrediente fue rechazado por los romanos, que lo consideraban
un producto de culturas bárbaras. No regresaría a la alimentación
europea hasta que los normandos la extendieron en el siglo XIV por Francia
y Suiza.
En
el siglo XVI se extendió su consumo por toda Europa, siendo Francia
e Inglaterra los principales países productores de mantequilla.
Los colonos de Europa Central y Occidental la extendieron hacia los
territorios de América, Australia y África.
A mediados del siglo XIX, la mantequilla aún se obtenía
de la nata de la leche de manera natural, cuando se fermentaba en mantequeras.
Con la industrialización comenzó a
producirse
a partir de la nata dulce. Con la separadora centrífuga, que
surgió durante el último cuarto del siglo XIX, fue posible
producir mantequilla de manera intensiva. La pasteurización y
las continuas mejoras en los procesos industriales consiguieron acelerar
e incrementar la calidad de la mantequilla.
En la actualidad se produce a partir de nata pasteurizada que se enfría
para obtener la grasa. Con fermentos lácticos añadidos
y la grasa cristalizada, se bate la nata. Dependiendo de la manera de
amasar, obtendremos texturas diferentes. También existen variedades
bajas en calorías y batidas, mucho más fáciles
de extender que las mantequillas normales.
Comprando mantequilla
Existen
en el mercado variados tipos de excelentes calidades y con envases diversos.
Normalmente, la margarina suele presentarse en envases de plástico
blanco, y la mantequilla envuelta en un papel brillante o de aluminio.
Los envases nos informan de la fecha de caducidad de este producto,
que siempre tiene que estar refrigerado.
La mejor mantequilla es de color amarillo, no demasiado dura, pero
compacta. En seguida nos daremos cuenta, por su sabor intenso, de su
calidad y buena conservación. Normalmente, una vez abierto el
envase, el producto se mantiene en la nevera durante meses, aunque la
mantequilla salada puede durar más que la dulce.
Propiedades alimenticias
Es
indudable que la mantequilla es un alimento muy rico en grasas, por
lo que su consumo tiene que ser limitado. Nadie debería ser privado
del sabor de la mantequilla, pero es un producto demasiado energético,
que tiene que consumirse con mesura. Aparte de las grasas y el colesterol,
100 gramos de mantequilla contienen 750 calorías.
Dentro
de una dieta equilibrada, es posible consumir mantequilla, aunque está
especialmente indicada para aquellas personas que necesiten mucha energía,
sobre todo deportistas y personas delgadas o que realizan importantes
esfuerzos físicos. A su favor debemos decir que se digiere muy
bien y que es rica en vitaminas A y D.
Sin duda, personas con el colesterol o los triglicéridos altos,
arteriosclerosis o problemas cardiovasculares tendrán que suprimir
la mantequilla de su dieta. También, por descontado, aquellos
que estén a dieta deberán olvidarse de este alimento y
eliminarlo de sus comidas habituales.
Cocinar con mantequilla
Como
cualquier otro tipo de grasa, la mantequilla es fundamental para cocinar,
sobre todo en determinados países, donde forma parte ya de la
gastronomía cotidiana. Para freír, engrasar asados, saltear
alimentos y como base de salsas, este producto confiere a las recetas
un toque único que, para muchos, es imprescindible.
Aparte
de estos usos, sin duda, el más frecuente es untada en el pan,
en tostadas de desayuno, o bien en biscotes como aperitivo. También
es un elemento esencial en repostería y bollería, como
ingrediente, por ejemplo de delicias de origen francés como los
brioches, croissants y crêpes, o inglesas y belgas, como las galletas
y pastas de mantequilla. Otros muchos postres se elaboran mantequilla,
sobre todo para hacer masas de pasteles y tartas. Por último,
no podemos olvidar que este producto es un buen aliado para que no se
peguen los alimentos, ya que la grasa los aísla del recipiente
donde se cocinan.
Recetas
* Sopa
de almendras
* Magré
del pato al rojo
* Trufas
de chocolate
* Leche
frita
* Quesada
suave
Fuente:
Redacción/Expocasa.com
Consumer.es