Pestiños por Semana Santa
Un dulce muy festivo
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Muchos de los dulces elaborados por los árabes durante su estancia en nuestro país pasaron a formar parte de la tradición religiosa católica tras la Reconquista. Este es el caso de los pestiños, un manjar propio de tierras andaluzas, cuyo secreto de elaboración se ha heredado de generación en generación hasta llegar a nuestros días. Aunque algunos los suelen consumir en Navidad, es más común tomarlos en Semana Santa, junto con otros dulces típicos como las torrijas. En resumen, podemos decir que se trata de una receta de harina frita, pero esconde algo más. Esa harina se ve aderezada con aceite, anís y especias de distinto tipo para conseguir un toque exquisito.
Como ocurre con muchos platos, en cada cocina se preparan de una forma determinada, aunque manteniendo la base para que no se pierda la esencia. En Cocinayhogar.com os ayudamos a preparar unos pestiños paso a paso, a partir de una receta que hemos obtenido directamente de un pueblo de Andalucía. Los ingredientes fundamentales que emplearemos son un un vaso de aceite de oliva, 12 clavos de olor, la cáscara de un limón, dos vasos de vino blanco, un chorro de anís seco, una cucharada de canela, media cucharada de bicarbonato, una pizca de sal, harina y azúcar para cubrirlos.
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Lo primero que tenemos que hacer es pelar un limón con mucho cuidado. También se puede emplear naranja, dependiendo del gusto de cada uno. Por otra parte, contamos doce clavos de olor. Esta especia tiene un aroma muy característico siendo empleada no sólo en cocina, sino también en cosmética para elaborar jabones de tocador.
Lo primero que tenemos que hacer es pelar un limón con mucho cuidado. También se puede emplear naranja, dependiendo del gusto de cada uno. Por otra parte, contamos doce clavos de olor. Esta especia tiene un aroma muy característico siendo empleada no sólo en cocina, sino también en cosmética para elaborar jabones de tocador.
El siguiente paso consiste en tostar la cáscara de limón y el clavo de olor en el vaso de aceite de oliva que habremos echado en una sartén. También es común usar, en lugar de clavo, jengibre y anises, todo ello, encaminado a dotarle de un sabor especial a la masa. Una vez que esté tostada la cáscara, la retiramos y colamos el aceite para quitarle el clavo. Reservamos y dejamos que se enfríe.
El siguiente paso consiste en tostar la cáscara de limón y el clavo de olor en el vaso de aceite de oliva que habremos echado en una sartén. También es común usar, en lugar de clavo, jengibre y anises, todo ello, encaminado a dotarle de un sabor especial a la masa. Una vez que esté tostada la cáscara, la retiramos y colamos el aceite para quitarle el clavo. Reservamos y dejamos que se enfríe.
Después, echaremos los ingredientes en un bol: el aceite, el cual habrá adquirido un aroma cítrico muy peculiar, el vino, el anís, la canela, el bicarbonato y la sal. Si hemos usado anises como especia en lugar de clavo, no echaremos el líquido en esta ocasión, pues podríamos distorsionar demasiado el sabor.
Después, echaremos los ingredientes en un bol: el aceite, el cual habrá adquirido un aroma cítrico muy peculiar, el vino, el anís, la canela, el bicarbonato y la sal. Si hemos usado anises como especia en lugar de clavo, no echaremos el líquido en esta ocasión, pues podríamos distorsionar demasiado el sabor. |
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La parte más importante de esta receta es la obtención de la masa. Para ello tendremos que echar harina, cuya cantidad no es exacta. La clave está en echar tanta como acepte la masa, es decir, hasta que consigamos una que sea compacta y que no se pegue, permitiendo que la podamos amasar con facilidad.
La parte más importante de esta receta es la obtención de la masa. Para ello tendremos que echar harina, cuya cantidad no es exacta. La clave está en echar tanta como acepte la masa, es decir, hasta que consigamos una que sea compacta y que no se pegue, permitiendo que la podamos amasar con facilidad.
Una vez obtenida la masa, cogemos porciones pequeñas y las aplastamos bien con un rodillo, dándole una forma cuadrada. El grosor de la masa debe ser muy fino, aunque si es más grueso, lo único que ocurrirá es que el interior tardará más en hacerse.Una vez hecho el cuadrado, doblamos una esquina y la juntamos con la opuesta en diagonal. Repetimos lo mismo con la otra, hasta formar una especie de pañuelo.
Una vez obtenida la masa, cogemos porciones pequeñas y las aplastamos bien con un rodillo, dándole una forma cuadrada. El grosor de la masa debe ser muy fino, aunque si es más grueso, lo único que ocurrirá es que el interior tardará más en hacerse.Una vez hecho el cuadrado, doblamos una esquina y la juntamos con la opuesta en diagonal. Repetimos lo mismo con la otra, hasta formar una especie de pañuelo.
Por último, sólo nos queda freírlos en aceite muy caliente hasta que estén tostados. Notaréis que la masa se vuelve dura. Nos os preocupéis, es lo normal. Como colofón, los pasaremos por azúcar o, para los más golosos, por abundante miel. Dejamos enfriar y ya estarán a punto para que los podamos degustar. Junto con una buena taza de café, están deliciosos. Su sabor, seguro que te sorprenderá.
Por último, sólo nos queda freírlos en aceite muy caliente hasta que estén tostados. Notaréis que la masa se vuelve dura. Nos os preocupéis, es lo normal. Como colofón, los pasaremos por azúcar o, para los más golosos, por abundante miel. Dejamos enfriar y ya estarán a punto para que los podamos degustar. Junto con una buena taza de café, están deliciosos. Su sabor, seguro que te sorprenderá. |
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Por Patricia Pamos
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