La
preocupación por hacer de la alimentación una garantía de salud no es
nueva, pero parece que en la actualidad ha crecido el interés colectivo
por conocer las virtudes y perjuicios de los productos que ingerimos.
Los hábitos del mundo occidental están marcados por una serie de circunstancias
especiales que los expertos en nutrición estudian y valoran permanentemente.
Hipócrates, considerado el padre de la medicina, ya lo hizo hace más
de dos mil años, y por eso sentenció: "que tu alimento sea tu mejor
medicamento".
Esperanza Torija, catedrática de Nutrición y Bromatología de la Universidad
Complutense, señala entre estas circunstancias la amplia difusión
de costumbres alimentarias provenientes de otras culturas, favorecida
en gran medida por los movimientos migratorios. El consumo de productos
considerados hasta no hace mucho tiempo 'exóticos' por su difícil adquisición
se va normalizando, y es frecuente encontrar mandiocas, plátanos macho
o papayas en los mercados europeos.
El poder de los medios de comunicación, y de su principal sustento,
la publicidad, es capaz de incentivar el consumo de un determinado producto
o incluso de una determinada dieta creando modas de influencia
decisiva en el receptor final del producto.
Asistimos al auge de algunas filosofías de la vida que repercuten
directamente en la alimentación a través de restricciones o recomendaciones
en la dieta. Un régimen compuesto únicamente por vegetales, como el
de los vegetarianos
estrictos, puede dar lugar a estados carenciales, si no en personas
adultas, sí en niños.
Viejos mitos
Los avances de la bromatología (ciencia que estudia los alimentos, su
preparación y su asimilación por el organismo) permiten desterrar algunos
mitos o creencias tan extendidos como el de que cualquier alimento
natural es bueno para la salud. La Dra. Torija pone como ejemplo
el caso del pez globo, un manjar muy apreciado en la gastronomía japonesa,
por cuya ingesta mueren cada año varias personas a causa su potente
veneno.
Que
los agricultores no utilicen para sus cultivos abonos o fertilizantes
también suele considerarse prueba de calidad. Pero la realidad es que
los vegetales no distinguen el origen de sus propios nutrientes. Si
la planta recibe demasiada cantidad de abono orgánico, acumula nitrato
de igual forma que lo haría con abono de origen químico. Torija añade
a esta lista los productos que se lanzan al mercado bajo el calificativo
de original, nuevo, etcétera; cuando la mayoría de ellos
sólo son el fruto de recetas recuperadas.
La alimentación más adecuada
Según
la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
(FAO), todos los seres humanos tienen derecho a consumir suficientes
alimentos inocuos y nutritivos que permitan llevar una vida activa y
saludable.
En este sentido, el camino que el alimento debe seguir desde su origen
hasta su consumo, y el esfuerzo de todos los protagonistas que intervienen,
tienen que servir a unos intereses claros y específicos:
- Favorecer una alimentación
equilibrada.
- Mantener aromas, sabores y texturas.
- Optimizar todos los procesos (producción, recolección, transporte, etc.).
- Ser respetuosos con el medio ambiente.
- Garantizar la seguridad alimentaria.
La importancia de cocinar bien
El
consumidor final tiene en sus manos la posibilidad de influir sobre
la calidad de los productos que ingiere. Al fin y al cabo, de ellos
depende la última fase del proceso: la preparación de los alimentos.
Aunque no sólo es necesario cocinarlos, además hay que hacerlo bien.
Las ventajas, según la Dra. Torija, son:
- Se comen más fácilmente -así pasa con las legumbres.
- Se hacen más agradables al paladar.
- Son más digestivos -se asimila mejor el almidón de la patata una vez cocida.
- Se aprovechan mejor -gracias a las transformaciones que sufren sus componentes.
- Se eliminan compuestos tóxicos -microorganismos que desaparecen a altas temperaturas.
- Posibilidad de realizar combinaciones
más útiles -en la mezcla de lentejas con arroz se complementan sus
aminoácidos; la vitamina C del limón, con el que se suele acompañar
al pescado, ayuda a la asimilación del hierro.
Pero
también hay algunos inconvenientes. Con la preparación de alimentos
se pueden producir pérdidas de nutrientes, especialmente de vitamina
C; y lo que es peor, es posible que se formen otros compuestos tóxicos,
como los agentes cancerígenos que aparecen cuando quemamos la carne
a la parrilla o al freír patatas a temperaturas muy elevadas.
En definitiva, todos los alimentos pueden ser beneficiosos si son
ingeridos en su justa medida, aunque es cierto que pueden contener
elementos tóxicos. Evitarlos es una tarea en la que el consumidor preocupado
por su salud desempeña un papel esencial.
Por Antonio Ortiz
Imagen portada: Oscarjuicers.co.nz.