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No
hace falta matarse de hambre ni seguir un régimen aburrido para
mantener a raya los kilos. Con un poco de constancia por tu parte, comprobarás
que es posible, incluso fácil, conservar la línea sin renunciar
a comer bien y variado. Sin duda, los horarios son fundamentales para
regular los hábitos alimenticios. Lo más importante es repartir
los alimentos en varias comidas al día (cinco es el número
ideal), incluyendo un tentempié a media mañana y otro a
media tarde. Y evitar el picoteo entre horas.
Es preferible cenar ligero y, en cambio, desayunar
abundantemente. Téngase en cuenta que el mayor gasto energético
se realiza por la mañana, antes de las 12. Además, la intensa
actividad que se desarrolla en esas horas hace que se
quemen calorías más fácilmente. El almuerzo
ha de ser la comida más copiosa de las tres (sin pasarse), pero
es fundamental no llegar a ese momento con el estómago vacío
ni, como hace mucha gente, saltarse esa comida: resulta totalmente contraproducente,
pues aumenta la ansiedad y se corre el riesgo de que el sacrificio acabe
en un atracón. De ahí la importancia del tentempié
de media mañana.
Hábitos saludables
Otro buen consejo para no llegar a las comidas con un hambre canina es
comer una manzana antes del primer plato. Para el tentempié
de media mañana y media tarde, nada mejor que una pieza
de fruta o un yogur desnatado. La cena debe hacerse ligera y
temprano, por lo menos dos horas antes de acostarse para que dé
tiempo a hacer la digestión. No olvidemos que durante el sueño
es cuando el organismo reduce su actividad al mínimo, momento en
el que más fácilmente se acumulan las grasas.
Puestos
a cultivar buenos hábitos, es mejor sentarse y cumplir el rito
de un primer y segundo plato que comer en 10 minutos. Conviene masticar
despacio y no beber agua en exceso: es falso que ésta engorde durante
la comida, pero mucha agua en el estómago hace la digestión
más pesada.
Se recomienda evitar el pan, el alcohol y los dulces
en la comida. Los mejores acompañamientos son los vegetales:
unos bastoncitos de zanahoria o apio crudo pueden sustituir al pan. Es
aconsejable comer una vez por semana pasta, arroz, patatas, aguacate y
legumbres, pero en poca cantidad.
Comer fuera de casa
Una
buena idea para comer con moderación fuera
de casa es tomar una manzana o un huevo duro antes de salir: "matar
el gusanillo", como ya se ha dicho, alejará la tentación
de darse el atracón.
¿Qué pedir? Nunca fritos, y tomar preferentemente un plato
único sin repetir. Y cuidado con los postres. También
es aconsejable evitar los aperitivos que sirven antes de la comida y suplirlos
con un zumo
de tomate, por ejemplo. Y, por supuesto, evitar comer pan y mantequilla.
Si se quiere hacer una comida en toda regla, con primero, segundo y postre,
se puede empezar con una ensalada. Los aliños
de los restaurantes suelen ser excesivos, por lo que es mejor aliñarse
uno mismo la ensalada. También son entrantes aconsejables un consomé
caliente en invierno o un gazpacho frío en verano.
De segundo se recomienda pedir pescado o carne a la plancha,
aunque es preferible tomarlos en papillote o a la sal. Y ojo con las salsas.
Se puede sustituir el postre por un café o té
helado. Si no se quiere prescindir de ese placer, se puede pedir fruta.
Por último, una infusión
de hierbas ayudará a hacer la digestión y mitigará
las ganas de seguir comiendo.
Sí, pero con moderación
-
Sal:
no tomar mucha, pues los alimentos ya contienen suficiente
sal. Al principio es un sacrificio, pero cuando uno se acostumbra a
comer sin sal, los sabores de los alimentos acaban resultando más
intensos. Para evitar tentaciones, no llevar el salero a la mesa.
- Aceite de oliva: el aceite de oliva es muy beneficioso
para la salud, pero no se debe tomar más de 4 cucharadas diarias,
ya sea crudo o cocinado. Se recomienda utilizarlo en un envase con tapón
spray: así se rocía la cantidad justa; y sirve también
para engrasar ligeramente las sartenes.
- Azúcar y edulcorantes: el azúcar aporta
energía, pero también gran cantidad de calorías.
Por ejemplo, una simple bolsita de azúcar aporta 90 kilocalorías.
No hay por qué prescindir totalmente de él, pero debe
consumirse con moderación. Y se puede sustituir por edulcorantes
artificiales, como la sacarina, con pocas o ninguna caloría,
o bien por fructosa, edulcorante natural que tiene las mismas calorías
que el azúcar, pero endulza más, lo que permite tomar
menos cantidad.
- Lácteos: suelen contener una importante cantidad
de grasa, por lo que se recomienda consumirlos desnatados. El queso
fresco, los quesos de leche de cabra y el requesón suelen
tener menos grasa que otras clases de queso; si no se quiere engordar,
conviene comer quesos que tengan menos de un 30% de materia grasa. El
requesón quark contiene sólo un 0,5%.
Cocinar con pocas calorías
-
Cocer
o asar los alimentos mejor que freírlos. La
olla rápida a presión, las cacerolas para cocinar
al vapor y el microondas son muy útiles
en este aspecto, lo mismo que el grill y la barbacoa,
pues permiten guisar con poca o ninguna grasa.
- Emplear sartenes y cazuelas antiadherentes, ya que
con ellas se puede freír con muy poco aceite.
- Reducir la sal al mínimo. Condimentar con hierbas
o especias. Utilizar lácteos desnatados y productos
bajos en calorías. La diferencia entre una margarina baja en
grasa y una mantequilla es de 350 a 750 kcal. Sustituir la nata líquida
por leche evaporada al cocinar.
- Retirar siempre la grasa a las carnes y la piel a las aves. Recuerda
que el pavo y el pollo tienen menos
calorías que otras carnes. Los pescados blancos tienen
los mismos nutrientes que la carne y muchas menos calorías.
- Las claras de los huevos
tienen menos calorías que las yemas: preparar la tortilla con
dos claras y una sola yema.
Por Cris Lincoln
El País-Aguilar
© Cris Lincoln
© Santillana Ediciones Generales S.L.
Imágenes: Facilisimo.com
Más información: Colección
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